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Full text of "Discurso en el natalicio del libertador Simón Bolivar"

IF2P35.3 
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DISCURSO EN EL NATALICIO DEL 
LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR 

FRANCISCO JIMÉNEZ ARRAIZ 



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NORTH CAROLINA 




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DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

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F2235.3 
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in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/discursoenelnataOOjimn 



F. JIMÉNEZ ARRAIZ 



DISCURSO 



EN EL 



NATALICIO DEL LIBERTADOR 



SIMÓN BOLÍVAR 



m* 




TIP. AMERICANA - 1917 
CARACAS 



F. JIMÉNEZ ARRAIZ 



DISCURSO 



EN EL 



NATALICIO DEL LIBERTADOR 



SIMÓN BOLÍVAR 



tlP. AMERICANA - Í91T 
CARACAS 



Lo pronunció su autor en el 
Salón del Concejo Municipal de 
Caracas, el 24 de julio de 1917; 
134° aniversario. 



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OBSEQUIO DE Lñ TIPOGRñFIA ñMERICfiNfl 

RL BENEMÉRITO JEFE DE Lñ REHABILITACIÓN NACIONAL 

EN EL ANIVERSARIO DE SU NñTRLICIO 

24 DE JULIO DE 1917 



Ciudadano Ministro de Relaciones Interio- 
res, representante del Ejecutivo Federal: 

Ciudadano Secretario de Gobierno del Dis- 
trito Federal, representante del señor 
Gobernador: 

Ciudadano Presidente del Concejo Munici- 
pal: 

Señores: 

Un deber, cu3 t o cumplimiento yo no po- 
día rehuir, me trae a esta tribuna y me 
ocasiona el honor de llevar la palabra en 
este día cuya trascendencia moral ha sido 
ya bien calculada en el cómputo de los va- 
lores humanos para los destinos de un pue- 
blo, ora sean los de la patria los linderos 
de ese pueblo, ya se dilaten por todos los 
ámbitos de América los horizontes de esa 
patria. 

Y asumo gustoso el deber, aunque tími- 
do emprendo la jornada. 

Pero, y por qué, entre tantos, en las ne- 
cesidades de estos actos, han de ser los de 



mi falange los escogidos? Acaso porque, 

según las palabras del Salvador, «No sólo 
de pan vive el hombre», y mi falange es la de 
los que están siempre de presente, para re- 
cibir el suyo, cuando se distribuye el pan 
del espíritu, y la única que puede y sabe ha- 
cer el abasto de las hambrientas filas; los 
otros para otras alturas, donde no es el ver- 
bo patriótico de esta hora el pájaro que 
canta en el ramaje de la cumbre, ni es el vuelo 
del pensamiento la ráfaga que perfuma los 
verdores de la fronda. 

Debo corresponder a la cariñosa desig- 
nación, y para demostrar que no se anduvo 
errado en su escogimiento quien me lanzó 
por esta escalera arriba, ha de surgir de 
mi palabra el recuento de una gloria, como 
de un bosque sacudido en la cúpula de su 
ramaje un vuelo de pájaros cantores desple- 
gando en los aires, como una bandera, las 
maravillas de su plumaje ; ha de surgir de 
esta tribuna, como de lo alto de una forta- 
leza en triunfo el canto de un clarín de gue- 
rra al pie del estandarte vencedor, el nom- 
bre inmarcesible ante el cual se yerguen, pa- 
ra saludarlo, todos los símbolos de la glo- 
ria y se engalanan de alegría, para amarlo, 
todos los corazones: Simón Bolívar! 

Yo no voy a ceñirme a tema alguno : 
sería como una gota de agua suspendida 
sobre el ánfora del Océano. Desplegaré mi 
fantasía, mi vela blanca, sobre las maravi- 
llas del piélago, y ya veremos, desde mi na- 
ve, el fresco amanecer, junto a la ribera 
que proyecta el ensueño de su sombra ver- 
cli-oscura sobre las ondas azules y tranqui- 



las, como una sonrisa en la visión de una 
alma que sueña, que así ha debido desta- 
carse el amor de su Teresa en la imagina- 
ción del futuro Paladín, prendido en ella 
como el candor de una azucena sobre el 
bronce de un escudo. Ya veremos, desde mi 
nave, pasar la airosa carabela, con sus ve- 
las desplegadas, como alas blancas, hacia 
los horizontes de América, como aquellas 
que nos trajeron la fe del Cristianismo, la 
esperanza de la civilización } r la caridad de 
esta lengua nuestra que nos une desde Mé- 
xico hasta el Plata, misteriosa trinidad en 
cuyo seno conocimos a Dios, nos hicimos 
una Patria y se fue el heroico Paladín ense- 
ñando Libertad por todos los caminos de 
América, como lo vieron llegar, infatigable 
Quijote, llenas de ensueño las riberas del 
Magdalena, llenas de rumores las costas de 
Ocumare, llenas de perlas las playas de Mar- 
garita. Ya veremos el airoso bergantín, 
velas a la bolina, desafiando el temporal 
que cimbra su arboladura, le hunde el casco 
en el vientre de las ondas, pone al aire el 
movimiento de su timón y castiga con la fu- 
ria de sus alas la resistencia del intruso, que 
al fin gallardea su triunfo en las quietudes 
del remanso, pues Bergantín de la Liber- 
tad, al Paladín Libertador lo ven pasar, 
cruzando lo ignoto de su rumbo a toda 
vela, Taguanes, Bárbula, Vigirima y Arau- 
re : azotado del vendabal Barquisimeto, 
la Puerta y San Mateo ; desmantelado, 
Aragua, Barcelona y Cumaná ; de nuevo 
sobre las ondas bravias, vigorosamente 
carenado, Barcelona, Maturín y Angos- 



tura; rompiendo las olas formidables Ca- 
labozo, Semen y Ortiz ; loeamente audaz 
y heroico los aguazales del Meta, el pára- 
mo de Pisba, los Corrales de Bonza, Pan- 
tano de Vargas y el puente de Boyacá ; 
virar en redondo Santa Fe de Bogotá, que 
lo había recibido ostentosa ; airosamente 
empavezado Santa Añade Trujillo ; gallardo 
y arrogante las cuestas de la Cordillera, las 
selvas de Guasdualito, los llanos de Barinas 
y las sabanas de Cojedes; arrollador 3' for- 
midable el alma de América en el campo de 
Carabobo ; entre los lanceros de Páez, los 
tercios de la Legión Británica y los irre- 
ductibles hispanos del Valencey la ciudad 

del lago y el Avila se empina y se 

descubre para verlo llegar! 

Caracas lo había visto pasear sus calles, 
recorrer su vega florida, cruzar las faldas 
de sus colinas, remontar su Avila, ahorca- 
jado en su borrico, tras el Licenciado Sanz, 
grave 3' taciturno ante el futuro creador de 
Patrias; ella lo había visto, linajudo 3 r pre- 
sumido en la gallardía de sus 15 años, gala 
y alegría de sus salones ; ella lo había visto 
enredados todavía en los encajes de la ca- 
saca los azahares de la novia ; ella lo había 
visto salir, triste y congojado, camino del 
destierro ; ella lo había visto regresar entre 
laureles, en la Campaña Admirable ; de- 
lante, sonoro, el clarín de los Horcones ; 
detrás, silencioso, el cañón de Niquitao, 3* 
en medio, bajo la bandera de Bárbula el 
corazón de Girardot; ella lo había visto, 
perseguido por Boves, escapar de nuevo, a 
la cabeza del desfile siniestro, como un es- 



pectro bajo las negras alas del desastre, si- 
lencioso en su camino de amargura 

Vigorosa reconcentración de ocultas y 
misteriosas fuerzas, su acción es el resul- 
tado de un mandato imperativo e irrevo- 
cable, que no admite guía ni molde, por lo 
que nada hay como él en los dominios de 
la historia, ni existe en lo presente ni se 
presiente en lo porvenir aptitud ni volun- 
tad capaces de hacer obra de semejantes 
rasgos. 

Siempre igual en su pensamiento, en su 
ímpetu 3 r en su acción, fué siempre admira- 
ble y deslumbrador, con el vivido 3 T rápido 
deslumbramiento del rayo, siempre igual y 
siempre nuevo y admirable : como cuando 
en la plaza de San Jacinto, a todo estreme- 
cerse todavía las almas bajo el sacudimien- 
to del planeta, le grita al fraile: Aunque la 
naturaleza se oponga, venceremos; cuando 
en San Mateo desensilla su caballo bajo los 
fuegos enemigos : Aquí, entre vosotros, mo- 
riré yo el primero; Cuando en Trujillo es- 
cribe el siniestro mensaje: Españoles y ca- 
narios, contad con la muerte aunque seáis 
inocentes; americanos, contad con la vida 
aunque seáis culpables ; cuando bajo los 
laureles del Sur grita a sus soldados, que ya 
jadean bajo el peso de tanta gloria: Solda- 
dos ! Centenares de \ictorias alargan vues- 
tra vida hasta el término del mundo l ; cuan- 
do en sus labios de enfermo estalla aquel 
¡Triunfar!, de Pativilca, como el chispazo 
de un relámpago ante el presagio de Junín. 

Tuvo, en su cuna, oro, incienso y mirra. 

Inspiró un evangelio. 



10 

Hizo un apostolado. 

Subió al Pretorio, y la historia dice 
cómo gritaban los deicidas del año 30, de 
un lado él y del otro Pedro Canijo, el ase- 
sino del 25 de setiembre de 1828 en Bogotá : 
«¡Muera Jesús y sálvese Barrabás /» 

Y cuando el 17 de diciembre reclinó la 
cabeza del Paladín sobre las abolladuras de 
su escudo, juntó sus manos sobre la cruz de 
su espada y cubrió el cadáver con los na- 
cidos pliegues de su bandera, se oyó en los 
aires, como el triste gemido de un dolor: 
((Semejantes a la corza herida, llevamos en 
nuestro seno la flecha, y ella nos dará la 
muerte sin remedio, porque nuestra propia 
sangre es nuestra ponzoña!» 

Empero, excusadme, señores: hoy no 

es día de tristezas, ni de recuerdos desalen- 
tadores, aunque encierren la más indiscuti- 
ble verdad : día de alegres remembranzas 
sí, de efemérides hermosas, de pintorescas 
esperanzas! En el dolor, las lágrimas y la 
muerte de una generación están quizás el 
goce y la vida de las generaciones que vie- 
nen. La sombra, el dolor, la muerte, no son 
sino verdades relativas, estados transito- 
rios, diversas manifestaciones de algo in- 
mutable y permanente : luz, tranquilidad y 
vida. 

Pongamos el corazón a la esperanza y 
demos al espíritu lo mejor de la hora, como 
se abren los ojos a la luz, así sea la luz de 
los cocuyos ; como se llevan al olfato las 
corolas ; como se rechaza la corteza, ruda 
3^ áspera, y se da a los labios el corazón de 
la manzana. 



11 

Esta fiesta, celebrada por este Gobierno 
que provisionalmente preside el señor Doctor 
Victorino Márquez Bustillos, nos induce 
más a ello, porque es una nueva manifes- 
tación de un brioso empeño de avivar más 
cada día la única luz de nuestras lobregue- 
ces del pasado, la única estrella que no se 
apagará en nuestro porvenir. Campanada 
espiritual que no ha dejado de oírse nunca 
en esta última década de nuestra existencia 
nacional, a tiempo que la doble labor gu- 
bernativa rehabilitadora, con encomiable 
afán, tan luego organiza el local de una 
escuela, como rompe un cerro y extiende el 
plano de un camino ; tan pronto abre una 
academia, como remacha los estribos de un 
puente; así instala un laboratorio, cual 
construye un muelle; al mismo tiempo que 
un liceo abre los salones de sus aulas, ex- 
tiende sus avenidas un paseo ; 3^ aquí pro- 
teje una biblioteca, allí un canal, más acá 
una capilla, un acueducto, un laboratorio, 
y el plano de un proj-ecto, y hasta la foto- 
grafía de un sueño, y da a los aires la hoja 
de papel, como la bandera blanca de la paz 
y el trabajo. Y en asuntos de patria, a la 
vanguardia, y ni un paso atrás, y nunca en 
reposo. Parco en deificaciones, es verdad ; 
acaso, y con razón, porque ha sido tan co- 
piosa lausurpación de la inmortalidad ; pero 
firme en la elección y alto en el concepto, 
como lo dicen los bronces de nuestras pla- 
zas, los lienzos de nuestro Salón Elíptico 
y las mismas naves de nuestro Panteón. 

Por lo que he podido traer a colación el 
recuerdo del magistrado, estadista y patrio- 



12 

ta, centro generador de la obra que apenas 
he perfilado a grandes rasgos como lo pide 
este momento, y cuyo nombre, por rara y 
plausible coincidencia, se enlaza gratamente 
a los recuerdos placenteros de este día : 
hijo de nuestro medio, representativo de 
nuestra naciente alma nacional, fuerte suma 
de una multitud de energías, vigorosa re- 
concentración de una infinidad de inataja- 
bles corrientes, simbólica figuración de su 
época. Obra de sus contemporáneos, no llegó 
al poder llevado por su ambición, sino em- 
pujado por una multitud de fuerzas recon- 
centrativas de su voluntad y de su acción 
hacia ese fin. Ya en la cúspide, ha sido 
más fuerte y afortunado que todos sus ene- 
migos, si no queremos decir más hábil, y 
ha sabido hacerse formidable, inconmovi- 
ble. En la actuación de su vida pública se 
ha dado de compañeros y colaboradores los 
hombres que más se han distinguido por 
la fuerza de su inteligencia, hasta el extre- 
mo de que en el espontáneo desfile de vo- 
luntades que él ha visto pasar por delante 
de su prestigiosa figura de Caudillo, espon- 
tánea y anhelosamente han ido hacia él los 
que se han juzgado más aptos, los que se 
han creído más preparados y más diestros, 
y rodeado de estas superioridades de nues- 
tro mundo intelectual y moral, ha hecho 
él su nombre de estadista, robustecido su 
reputación de magistrado, erguido su vigo- 
rosa figura militar. 

Por lo que yo resumo la disertación de 
mi discurso en estas dos expresiones : 

Simón Bolívar, el que contemplan núes- 



13 

tros ojos fulgurante y alto sobre todos los 
horizontes de la historia : 

Juan Vicente Gómez, centro vigoroso 
de un presente de reconstrucciones patrias, 
índice demarcador de todas las esperanzas 
de su época. 

Pero el día de hoy no es solamente día 
de efímeras alegrías de un instante ; es 
momento algo más intenso y vital. Pen- 
semos que en todo instante podemos ha- 
llarnos en el principio, en el primer mo- 
mento de una etapa nueva, como quien 
empieza a vivir; 3' en una intensa renun- 
ciación de nuestros orgullos, de nuestras 
pasiones, de nuestros rencores, de nuestros 
anhelos de venganza, de nuestros dolores, 
de nuestros desalientos, deponiendo todo 
cuanto pueda hacernos menguar la fuerza 
del intento, encaminemos el espíritu, sume- 
mos nuestras voluntades y en torno del 
hombre que es inequívoca representación 
de raza, de alma nacional y de momento 
histórico, demos al aire los pliegues de ese 
estandarte de tres colores que se llaman 
fe, esperanza y amor, y echemos a andar 
resueltamente hacia la Meca del ensueño : 
tras de ese horizonte azul verá su puerto, 
frente a su proa, nuestra nave, y ese puerto 
se llama ¡ Patria ! 



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